miércoles, 11 de enero de 2012

Si tú me lo pides...

...yo te escribo. Te escribo porque hace mucho que no escribo. Te escribo porque escribir me gusta. Te escribo porque tú me gustas y si tú me lo pides, yo te escribo. Y hace tanto que no escribo que casi he olvidado cómo solía escribir. Así que voy a escribir y punto. Te voy a escribir a ti. A ti porque tú me lo pides. Y ya sabes, si tú me lo pides, yo te escribo.

A mi me gusta la gente que escribe. Esto es algo que un día pensé y escribí. Y al escribirlo, tú lo leíste. No sólo eso... lo leíste, te gustó y lo escribiste. Por tanto, te gustan las cosas que escribo. Y a mi me gusta que te guste lo que escribo.

Hoy me decías que a tí nunca te he escrito nada. Y por eso me has pedido que te escriba. En realidad, eso no es del todo cierto, pues más de una vez te he escrito aunque tú no lo hayas sabido.

Cuando nos conocimos, no pensé que algún día terminaría escribiéndote. Igual que tú, probablemente, tampoco hubieras imaginado que algún día me pedirías que te escribiera. Y henos aquí. Tú pidiendo y yo escribiendo. Tú tranquilo y yo rememorando... rememorándote a ti, rememorándome a mi y rememorando la historia que nos ha traído hasta aquí.

Y bien sabes que no es porque sea una historia demasiado larga. Debe ser más bien por mi corta memoria de pez que tan bien empiezas a conocer. O quizá porque han sido demasiadas cosas en demasiado poco tiempo. Ahora sí. Ahora no. Ahora puede. ¿Ahora? Bueno. Ya sabes, al final, todo son procesos.

Creo que empezamos a formar un buen equipo hace demasiado tiempo. Tanto, que por aquel entonces yo nunca hubiera imaginado que algún día te escribiría y tú no hubieras creído que algún día me pedirías que te escribiera. Pero hoy tú me lo pides. Y como tú me lo pides, yo te escribo.

Nos conocimos porque sí. Porque en algún momento, en diferentes partes del mundo, comenzamos una "transferencia de pensamientos" que más tarde continuamos aquí. Yo siempre supe que Madrid quería cruzarse en mi camino, así que un día decidí dejar que lo hiciera. Y así, sin más, coincidimos en la que hoy es nuestra ciudad. Y así nos conocimos. Así porque sí.

Aquí es donde nos fuimos descubriendo sin saberlo. Aquí es donde está nuestro banco en el que solemos sentarnos para intentar arreglar el mundo. Aquí es donde hemos reído, llorado y hablado hasta que no tuvimos más que decir. Aquí es dónde empezamos a ser amigos casi sin darnos cuenta, dónde fuimos los mejores confidentes, los mayores cómplices y los perfectos compañeros de múltiples viajes. Aquí es dónde hemos aprendido todo lo que sabemos el uno del otro. Dónde yo empiezo a apasionarme con tus pasiones y tú empiezas a perfeccionar mis vicios. Aquí es donde tú me buscaste y yo te encontré. O donde yo te busqué y tú me encontraste. Y después de muchos encuentros y desencuentros, de descubrirnos y de perdernos para más tarde volver a encontrarnos, aquí estoy yo. Aquí, escribiendo.

Escribiendo sobre mi y escribiendo sobre ti. Tú tranquilo y yo escribiendo. Y así deberíamos seguir. Mientras yo quiera y tú me lo pidas. O mientras tú quieras y yo te lo pida. Tú y yo. Aquí o allá. Pues, si tú te mueves, yo te sigo.

Pero al final de todo, lo que deberías saber es... Que si tú me lo pides, yo te escribo.


"Para escribir sólo hay que tener algo que decir."
Camilo José Cela

5 comentarios: